Calçots!


El pasado viernes fui por primera vez en mi vida a una calçotada, algo que a una le da un poco de vergüencilla, porque lleva toda la vida en Catalunya y esto es tipiquísimo… Tampoco, confieso, he comido nunca escudella i carn d’olla. Ni  canelones por Sant Esteve. Ai… ¿es muy grave, doctor? Eso sí, el xató del Garraf lo he probado en varias ocasiones gracias a Clara, que hace uno super rico.

Calçots, en algún lugar cerca de Sant Pol de Mar

A esta calçotada, iba con algo de reparo, porque la cebolla no me entusiasma (cruda, no me la puedo comer, confieso! Me da un asco increíble la textura y no soporto que pique) y no sabía yo si los calçots me iban a gustar. Y la verdad es que no es que me gsutaran, ¡es que me encantaron!

Para quienes no sepáis que son -dudoso a estas alturas mediáticas- se trata de una variedad de cebolletas que se cultivan “calzando” (calçant) la verdura. Es decir, se planta la cebolla y se van enterrando conforme crece en la tierra, haciendo una especie de montículos. De ahí su nombre. Son propios de Valls, en el Alt Camp, aunque ahora se han extendido tanto que se pueden comer en casi todo Catalunya durante el final del invierno y el comienzo de la primavera.

Los calçots tienen esta pinta, parecen puerros. 

Calçots sobre leñas de sarmientos de viña.

 

Se asan directamente sobre brasas de sarmientos de viñas , hasta que ennegrecen y empiezan, literalmente, a babear. Entonces, se sacan de las brasas y se envuelven en papel de periódico para mantenerlos calientes hasta que se sirvan en la mesa. Lo especial de los caçots, además de la cebolleta, es la salsa, la salvitxada, similar a la salsa romesco y que está deliciosa. He ahí el secreto de este plato. Cada familia la hace de una forma, y le aporta personalidad propia al plato. 

Anabel y Josep Maria, con sus baberos, dispuestos a comenzar la calçotada.

 

Comer calçots es divertido, porque lo haces en grupo y además de que disfrutas comiendo, te ríes viendo a todos intentando no pringarse demasiado. De ahí el baberito, para evitar salpicaduras y manchas. 

Cómo se hace

Se coge el calçot y se quita la primera piel. Entonces aparece la cebolla blanquita. Ri-quí-si-ma. La mojas en la salsa y ale, pa dentro!

Mientras te comes los calçots, generalmente aprovechas las brasas para asar carne o embutidos de segundo plato. En nuestro caso, pollo y conejo. Se hacen sin nada, con su propia grasa. Y resultan deliciosos. Sin encima tienes un buen vino, te sale un día de sol para poder disfrutar en el campo y estás bien acompañado… ¡perfecto!

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2 Respuestas a “Calçots!

  1. Están de muerte y ya veo que os pusisteis las botas eh? XDDD
    Bon profit!!!!! (Yo a ver si me arranco y te hago un xató de los míos, que este año no sé por qué, no he hecho… :P, con permiso de Clara!)

  2. ¡Son deliciosos! Y toda una costumbre social. Yo intenté que mi familia los comiera pero no hubo manera. Mi tía no entendía ese procedimiento de quitarle lo chamuscado y comerse el interior, blandito y blanquito. Y acabó con la boca negra :-). Una pena. Yo lloro el invierno en que por un motivo u otro no hay calçotada

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