Las migas de los Herrera


Migas al fuego de leña

Para el clan de los Herrera, las migas no son una comida, son un acontecimiento social. Es el día en el que nos juntamos toda la familia y nos consagramos a cocinar, comer, beber, conversar, reír… Sin prisas. Se sabe cuándo se empieza, pero nunca cuándo se acaba.

También es el día en el que me conceden el capricho de comer mi plato favorito de toda la vida. Uno de los recuerdos más nítidos que conservo de mi infancia es cuando mi padre hacía migas y mi hermana y yo íbamos a la cocina constantemente para preguntar: “¿Ya estáaaaaan?”. “Todavía no”. “¿Y cuánto faltaaaaa?”. “Poco”. Y el “poco” se convertía en una eternidad, por eso mi padre, para tenernos entretenidas un rato, nos decía que pusiéramos la manita y nos echaba un puñadito para que las probáramos. Nunca hemos perdido esa costumbre.

Porque en realidad es un juego. Tú sabes perfectamente que las migas todavía están crudas, pero aun así preguntas. Y él sabe que cuando preguntas en realidad lo que quieres es probarlas. Jugamos sin delatarnos. Es un pacto no escrito.

Me gustan tanto las migas, que los que lo saben siempre se acuerdan de invitarme a sus casas (o a las de otros) cuando las hacen porque saben que se me ilumina la cara. Lo curioso es que, con lo que me gusta cocinar, nunca las he hecho. Porque hay que saber hacerlas. En mi familia, los roles siempre han estado muy bien definidos: los mayores (hombres) cocinan y las mujeres nos encargamos de poner la mesa, de darle algo de picotear al cocinero para que no desfallezca, etc.

Os explico cómo ha hecho hoy mi padre las migas a la leña. Primero se hace el fuego en la barbacoa.

Luego se pasa a un hornillo, donde colocamos el perol.

Se fríen los ajos (sin pelar), la panceta, el chorizo o lo que queramos poner. La condición es que sea grasiento… Cuando están hechos, se añaden las migas, que previamente habremos tenido en remojo. El pan tiene que ser duro (mínimo de un par de días antes), y si es de máquina, mejor. Se corta en trozos pequeños, se meten en un recipiente, se le echa agua caliente por encima y se remueven hasta que se reblandecen.

Lo que viene después es paciencia, muuuucha paciencia, porque lo único que hay que hacer es ir removiendo las migas, pero como dos horas. Por eso mi padre hasta se sienta.

Mi primo Fran pretende hacernos creer que llevar chanclas en pleno mes de febrero es normal...

Paralelamente, se hace la carne a la brasa: chorizo, morcilla, panceta, cordero… De nuevo, cuanta más grasa, mejor.

Para rebajar un poco el tema y poder tragar las migas, porque si no, no hay manera, nosotros siempre las acompañamos de mandarinas y naranjas. Hay quien las come con uvas, granadas…

Para acabar, os dejo con una selección de los mejores momentos… Y yo sigo con el encuentro, que ahora toca la cena…

ANABEL

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Una respuesta a “Las migas de los Herrera

  1. M.Angeles Torres Padilla

    Que ricas Anabel!!! Le comenté a mi madre lo de las mandarinas y flipó! Besos!

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